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El impacto social de la moda

Al igual que otros segmentos de la economía, el sector de la moda se ha visto afectado por la coyuntura actual del COVID 19 y las restricciones impuestas en los países. Tanto empresas como consumidores están repensando su relación con esta industria, pero son pocos los que conocen qué está detrás de la moda. Este artículo es la segunda parte de una serie que busca reflexionar sobre el impacto ambiental y social del sector y cómo podemos ser consumidores de moda más responsables.

Ahora que conocemos el impacto que la moda tiene en el planeta, hay otro aspecto clave a pensar cuando compramos y esto es: ¿quién hizo tu ropa? Existen muchas personas trabajando a lo largo de la cadena de producción de la moda para que una prenda llegue a tus manos. Desde los agricultores que siembran y cosechan las materias primas, las personas que fabrican las prendas y aquellas que las venden en las tiendas. Qué importante es preguntarnos quién está detrás de nuestra ropa, porque si lo piensas, te darás cuenta de que hay muchas personas para quienes ese trabajo es su sustento y probablemente el de sus familias.


La industria de la moda emplea millones de personas, en su mayoría mujeres. Las fábricas de ropa, usualmente se encuentran en países en desarrollo donde la mano de obra es más barata y las condiciones laborales son menos reguladas. Por ejemplo, China y Bangladesh son dos de los grandes productores y exportadores de ropa, seguido por Vietnam, India, Turquía y Cambodia. En estos países hay alta densidad poblacional y los niveles de pobreza aún son bastante altos. Los trabajadores se encuentran frecuentemente expuestos a condiciones deplorables: falta de acceso a un lugar de trabajo seguro, riesgos para su salud y salarios que se encuentran muy por debajo de aquellos que puedan cubrir las necesidades básicas. Se considera un salario digno aquel que puede cubrir un estándar de vida que incluya acceso a alimentación, agua, educación, salud, transporte, vestimenta, vivienda y provisiones para imprevistos. La persistencia de los salarios bajos vincula al sector directamente con contribuir a perpetuar la pobreza. Si quieren conocer más sobre este tema pueden ver el documental ‘The True Cost’ .

Fotografía por: Fashion Revolution

A menudo, buscamos comprar prendas al menor precio posible. Si en este valor se ve reflejado el costo del diseño, los materiales, el proceso de producción, venta y el margen de ganancia para las marcas de ropa, entonces te has puesto a pensar ¿quién está pagando por el precio que tú no pagas? Lamentablemente el salario de las personas es el costo que se puede flexibilizar. Por eso cabe preguntarnos, ¿son justas las condiciones bajo las que producen muchas empresas de la industria?

No es justo y es clave que como consumidores de ropa nos cuestionemos ¿por qué una prenda es tan barata? Según un estudio de Oxfam, se estima que solo el 4% del precio de una prenda regresa a los trabajadores.


La equidad de género es otra de las problemáticas del sector. El 80% de las personas que trabajan en la industria textil son mujeres. El sector de la moda se ha caracterizado históricamente por contratar a mujeres jóvenes, entre 18 y 25 años, quienes a menudo están expuestas a situaciones de abuso físico o verbal, acoso o violencia. Además, según Naciones Unidas, globalmente los salarios de las mujeres son 23% menores que los de los hombres por hacer el mismo tipo de trabajo, y esto incluye al sector de la moda. La situación se dificulta más porque las marcas no necesariamente tienen trazabilidad sobre quién está produciendo la ropa. Por lo general, se utiliza empleo informal o subcontratación a fábricas en otros países.

Fotografía por: The Business of Fashion

Si el sector de la moda ya presentaba problemas con relación a su impacto social, la coyuntura del COVID-19 ha profundizado la inequidad y el impacto para los trabajadores. Las ventas se han reducido y este costo en parte ha sido absorbido por las personas vulnerables en la cadena de producción. De acuerdo a Fashion Revolution, muchas compañías han cancelado pedidos, retenido pagos para órdenes que ya estaban en producción o solicitado descuentos sin tomar responsabilidad sobre las personas que trabajan en estos procesos. Esta situación ha generado la pérdida de muchas plazas de empleo; es así que en abril del 2020 en Bangladesh se reportaron 1 millón de personas desempleadas en este sector.

Fotografía por: The Financial Times

¿Qué podemos hacer como consumidores?

  • Puedes empezar por mirar en la etiqueta donde fue hecha la prenda e interesarte por las reglamentaciones de trabajo que hay en ese lugar.

  • Infórmate sobre iniciativas que trabajan para demandar transparencia en el sector. Por ejemplo el índice de transparencia que agrupa a las 200 marcas más grandes de ropa del mundo.

  • Consumir local puede ser una buena alternativa. Una cadena de producción más corta nos permite acceder con mayor facilidad a la información sobre quién y cómo se producen las prendas. Además, al conocer las leyes laborales de nuestro país, podríamos identificar las condiciones de los trabajadores.

  • Aprovecha el poder que tenemos ahora los consumidores para levantar nuestra voz en redes sociales e influir en las decisiones de las marcas.

Es un proceso de aprendizaje para todos. Tomemos en cuenta que hay personas detrás de la ropa que usamos, quienes merecen condiciones justas para mejorar su calidad de vida. Al exigir transparencia y optar por marcas responsables hacemos una gran diferencia.

Te invitamos a leer el primer artículo de esta serie: El impacto de la moda en el planeta.


Sobre la autora

Daniela Carrión Economista y Máster en Ambiente y Desarrollo. Trabaja como gestora de proyectos en el campo de la cooperación internacional, en temas de ambiente y su vínculo con el desarrollo. Su trabajo la ha conectado con el cuidado del planeta y el propósito de vivir una vida más sustentable. Apasionada por temas de psicología, autocuidado y desarrollo personal. Cree que el primer paso para ser feliz es estar bien consigo misma. Instagram: @dani_carrionj

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