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El despertar de la cuarentena

La campaña “Quédate en Casa” ha obligado a las personas alrededor del mundo a alejarse de sus actividades fuera del hogar. La pandemia nos ha hecho repensar la forma y la prisa con la que vivimos en este mundo globalizado. Hoy más que nunca estamos aprendiendo a revalorar las cosas simples de la vida, comenzando por el presente, la salud y el aire que respiramos. Muchos en esta cuarentena anhelamos hacer ejercicio al aire libre, visitar los parques, caminar en las montañas o solo tocar la arena del mar. Actividades que hoy no podemos hacer por la compleja situación que vivimos.


Pero, ¿qué pasaría si no pudiéramos realizar ninguna de estas actividades de nuevo? ¿Cómo te sentirías? ¿Harías algo para cambiar esta realidad?


La degradación ambiental potenciada en el último siglo por actividades antropogénicas (de alto impacto ambiental) como la extracción de combustibles fósiles, la explotación de recursos naturales, la intensificación de actividades industriales contaminantes, la congestión del tránsito y la polución, originan problemas socio-ambientales graves, poniendo en riesgo nuestra calidad de vida y relación con el planeta. Estudios demuestran que la contaminación del aire está literalmente matándonos porque causa enfermedades cardíacas, cerebrovasculares o respiratorias crónicas como el cáncer de pulmón o el asma. A la contaminacion del aire se le atribuyeron 4,2 millones de muertes prematuras en el 2016, según la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y Organización Mundial de la Salud (OMS). Somos una población altamente vulnerable al virus por la larga exposición que hemos tenido a la contaminación atmosférica. Por ende, el no haber contribuido lo suficiente para mejorar nuestra calidad de aire en los últimos años, nos está pasando factura en esta pandemia. La contaminación del aire es particularmente peligrosa al enfrentarnos a un virus como el Covid-19, que ataca directamente los pulmones. Estudios recientes de los investigadores de la Escuela de Salud Publica TH Chan de Harvard muestran que un incremento de partículas finas en el aire (relacionado con la quema de combustibles fósiles y otros gases), aumenta la tasa de mortalidad en un 15% en las ciudades más contaminadas.


Este es uno de los tantos problemas socio-ambientales que hoy enfrentamos como humanidad. La contaminación del aire, el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la escasez de agua, la basura, la deforestación y la degradación del suelo son otros problemas graves que, además de acabar con la biodiversidad y recursos naturales del planeta, pueden poner fin a la humanidad. La tierra, por el contrario, seguirá girando y la naturaleza se regenerará, como lo ha hecho siempre, por mil millones de años. Sin embargo, en cada crisis que ha enfrentado el planeta, la especie que se extingue es la más vulnerable, la que ha sido incapaz de adaptarse y de proteger los recursos naturales de los cuales depende para su supervivencia; es decir, los seres humanos.


Esta pandemia pone en evidencia que somos una especie extremadamente vulnerable, incluso mucho más de lo que alguna vez imaginamos. Cuando a pesar de los avances científicos que existen hoy en dia para curar enfermedades como el cáncer o VIH, somos incapaces de contrarrestar un virus como el Covid-19, que hasta el momento ha infectado alrededor de 2,5 millones de personas y ha cobrado la vida de mas de 170 mil personas en el mundo.


Mientras nosotros hemos estado en casa cumpliendo el aislamiento, afrontando la economía mundialmente parada y ansiosos por un futuro incierto, la naturaleza paralelamente ha comenzado a regenerarse y a curarse de nosotros. Hoy vemos ríos y océanos más limpios, áreas más verdes y hemos avistado especies de animales en zonas nunca antes vistas, como cisnes en los canales de Venecia o leones que duermen en plenas carreteras en Sudáfrica.

Desde que inició la cuarentena, hemos notado una notable mejora en el ambiente. Los registros nos indican que la contaminación se ha reducido entre un 50-70% en las grandes ciudades europeas. Cifras similares se repiten localmente en ciudades como Quito y Cuenca. Al igual que la mejora en la calidad del aire, la demanda de energía eléctrica ha disminuido a nivel global, reduciendo así la cantidad de Gases de Efecto Invernadero (GEI) emitidos hacia la atmósfera. Cuando la calidad de aire mejora, nuestros pulmones tambien lo hacen, se limpian y la sangre se purifica. Además el aire limpio brinda ayuda a los niños a crecer sin enfermedades respiratorias y a los adultos mayores a disminuir el riesgo de enfermedades cardíacas o accidentes cerebrovasculares.


Es el momento de ver a la pandemia, más que como una crisis, como una oportunidad para regenerarnos como sociedad y poder adaptarnos de una manera eficiente, antes de que sea muy tarde. Como ciudadanos del planeta, aprovechemos este ultimátum para cuestionar nuestro estilo de vida. Pensemos cómo era el aire hace un mes y cómo nos transportábamos diariamente y comparémoslo con la mejora del aire hoy. Tratemos de mantenerlo asi por el ambiente y por nuestros pulmones. A partir de ahora, seamos conscientes de lo que compramos y de los desechos que producimos con esa compra. Analicemos la importancia de ser autosuficientes y consideremos la opción de producir nuestra propia comida a través de huertos urbanos. Aprendamos a reciclar, a compostar y sobre todo a identificar opciones como consumidores para ser más amigables con el planeta. Estas acciones nos ayudarán a convertirnos en ciudadanos más sustentables para así alcanzar nuestra propia subsistencia.


Ahora cuestiónate ¿cuál será tu compromiso con el ambiente y la humanidad después de esta cuarentena?


Sobre la autora

Antonella Furlato

Abogada y Master en Ambiente, especialista en Cambio Climático. Ha trabajado como gestora de proyectos ambientales en temas de políticas de adaptación al cambio climático y gobernanza del agua en Latinoamérica. Actualmente trabaja en proyectos de seguridad alimentaria implementados en África Este.

Instagram: @afurlatocortez

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