¿A dónde va lo que desechamos?

Carteras, bolsos para laptop, billeteras y monederos coloridos y llamativos hechos con lona de vallas publicitarias y caucho, estaban dispuestos en una tienda del barrio La Floresta de Quito. Ahí nació FUI Reciclado, una propuesta ecuatoriana que convertía las lonas publicitarias en accesorios de vestir. La marca empezó en el 2008, cuando el tema medioambiental no era parte de una conversación común. Hablar de upcycling, término que se usa para definir la creación de objetos combinando o transformando materiales, tampoco era normal. El negocio permaneció abierto hasta el 2018. Hoy Antonio Portilla, uno de sus creadores, nos cuenta sobre esos 10 años de experiencias, retos y aprendizajes que le dejó el trabajo y nos invita a reflexionar sobre las acciones que tomamos a favor del medio ambiente.

¿Cómo inició FUI Reciclado?

Inició con las ganas de emprender y la gran cantidad de material disponible que veíamos que existía para crear.

¿Qué valores regían a la empresa?

Ser lo más amigables con el ambiente. En cada paso buscábamos cumplir con ese objetivo. Teníamos que hacer limpieza de lonas y no queríamos desperdiciar agua. Por eso teníamos un sistema de recirculación y filtros que nos permitía seguir usándola. Igualmente, al diseñar, pensábamos en cómo aprovechar la mayor cantidad de materiales, evitar desperdicio y que se consuma la menor cantidad de energía posible.

Cartera confeccionada de lona publicitaria y caucho. Crédito: Belén Perdomo

Cartera confeccionada de lona publicitaria y caucho. Crédito: Belén Perdomo

¿Cuáles son los mayores retos que enfrentaron?

Empezamos diseñando cosas para nosotros. Yo necesitaba una maleta para mi laptop o una bolsa plegable para hacer mis compras. Realmente esto no era lo que el consumidor buscaba. Nos preguntábamos cómo hacemos que algo funcione bien y perdure en el tiempo. Una de las cosas más difíciles de entender era que queríamos crear productos que perduren, pero a la vez no teníamos un retorno frecuente de clientes. Nuestros productos duraban demasiado tiempo y no pudimos alcanzar un mercado que vuelva pronto por más. Fue difícil la sostenibilidad.

¿Cómo definirías al consumidor de productos de upcycling?

Son personas más conectadas al tema ambiental y quieren hacer algo que ayude; sin embargo, solo termina siendo un bonito gesto. Hay que tomar en cuenta qué tanto cambio generan. Desde el lado de los productores, en la transformación de materiales debemos tener cuidado de no generar gases tóxicos y no unir diferentes materias para que al final deje de ser reciclable.

¿Cuál fue el reto más grande del upcycling?

La raíz de todo este upcyling está en que originalmente no pensamos en que los materiales sean biodegradables al momento de la producción. Nosotros buscábamos diseñar artículos que puedan volver a ser reciclados, caso contrario teníamos en nuestras manos basura que luego se eliminaba y a la que solo le estábamos alargando la vida útil. Tuvimos que pensar un poquito más allá. Se volvió una responsabilidad resolver el problema que las personas que se inventaron las lonas o los cauchos de llantas debieron tener en mente: ¿qué iba a pasar con este material para no causar daños ambientales?

Entonces, ¿cuál es el camino?

El upcycling es una moda que genera conciencia. Las personas pueden empezar a probar e investigar y así darse cuenta de dónde vienen esos productos y el desperdicio que están generando. Creo que es una moda pasajera. Necesitamos materiales biodegradables, no cosas que no podamos degradar.

¿Cuál ha sido tu aprendizaje personal?

Siento que trataba de hacer mucho para solucionar problemas mucho más grandes. A veces, me parece que estamos es una carrera por crear, inventar, ir más rápido o ser mejores. Creo que es momento de dejar de producir algunas cosas. Es importante bajar la velocidad y observar cómo funcionan los bosques y la selva. El ritmo que tienen para crecer y hacer cambios naturales. Eso debemos aprender. Las propuestas medio ambientales no tienen un verdadero sentido si no conocemos qué estamos buscando preservar.

Economía circular

Desde la revolución industrial, la economía ha sido lineal, es decir, consiste en extraer y transformar materias primas, producir con ellas productos y bienes, comercializarlos, consumirlos y desechar los residuos que generan. Aunque ese sistema funcionó en un momento, actualmente, es una de las razones por las que vivimos una crisis medioambiental. El video The Story of Stuff (De dónde vienen las cosas) plantea si alguna vez nos hemos preguntado de dónde vienen las cosas que compramos y a dónde van a parar. La respuesta es que no es posible operar un sistema lineal infinito en un planeta finito. Así surge la economía circular, que establece un sistema de aprovechamiento de recursos a través de la reducción, reutilización y reciclaje de los mismos. Además, inicia desde el sector empresarial, en el momento en que se crea un nuevo producto para fabricar y comercializar. A partir de ahí, se utilizan nuevos criterios, como una reducción de materiales y energía, que estos sean 100% biodegradables al final de su vida útil y haciendo un análisis de su huella de carbono. La fabricación de un producto con criterios de economía circular puede llegar a reducir hasta en un 80% su impacto ambiental global.

Fabricación de un producto con  criterios de economía circular . Crédito: Freepik

Fabricación de un producto con criterios de economía circular. Crédito: Freepik

¿Qué hacemos cómo consumidores?

Diariamente generamos 3,5 millones de toneladas de residuos a nivel mundial. El 99% de las cosas que compramos es basura en menos de 6 meses. Se calcula que, actualmente, el medio ambiente tarda 18 meses en recuperarse de lo que los humanos gastamos y desechamos en 1 año.

99% de las cosas que compramos es basura en menos de 6 meses. Crédito: Pexels

99% de las cosas que compramos es basura en menos de 6 meses. Crédito: Pexels

El balance entre producción, consumo y desperdicio debe ser restaurado de la manera más rápida porque cada vez que desechamos un producto estamos perdiendo toda la energía y los recursos que fueron necesarios para su creación. Para ser consumidores más conscientes con el medio ambiente, podemos:

-          Rechazar lo que no necesitamos

-          Reducir el consumo a lo necesario

-          Reparar lo que ya tenemos

-          Reutilizar y evitar desechos

-          Reciclar lo que no pudimos reutilizar

-          Reincorporar a la tierra los residuos orgánicos

Ser conscientes de lo que consumimos y desechamos implica una serie de pequeñas decisiones diarias.

SOBRE LA AUTORA

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Belén Perdomo

Comunicadora, networker FuXion, voluntaria y aprendiz. Estuvo varios años involucrada en medios hasta que el mundo de las organizaciones sociales llegó a su vida y no hubo vuelta atrás. Le apasionan los emprendimientos con impacto y el estilo de vida saludable. Como dicen por ahí: la comunicación es todo y todo comunica.

Instagram: @belenperdomo