10 conclusiones luego de 33 días sin alimentos procesados ni azúcar

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Si no hacemos conciencia, no nos damos cuenta de que todos los días ingerimos una cantidad de alimentos que tienen muchísimos químicos, que no aportan nutrientes y que, si se convierten en hábitos, terminan por llevarnos a la enfermedad. Por eso, el 8 de enero decidí empezar un reto de 21 días sin azúcar ni alimentos procesados, aprovechando que siempre, luego de diciembre, el cuerpo siente un poco exhausto por el exceso de las fiestas. Fueron 21 días muy difíciles, pero me impulsaron a continuar y llegué hasta el día 33. Estas son las conclusiones:

1.      Casi todo lo que comemos es procesado: mucha gente me decía ‘pero si yo nunca como alimentos procesados’; por eso aclaré que, durante el reto, para mí, alimentos procesados fueron todos aquellos alimentos que no salen de la naturaleza: pan, leche, quesos y dulces no crecen en los árboles ni bajo el agua. Mi alimentación se centró en verduras, frutas, vegetales, proteínas orgánicas y algunos granos. Y si bien es cierto que uno no come el pez recién pescado, el proceso para que llegue a tu plato no involucra químicos ni ingredientes extraños, como los del trigo convertido en pan de molde, por ejemplo.

2.      Comer afuera es súper difícil: evitar alimentos procesados es muy difícil en un restaurante. Si uno elige una proteína como salmón, pollo a la plancha o carne, normalmente tiene una salsa que viene con mantequilla o con un poco de azúcar. El sushi, por ejemplo, tiene salsa de soya o de anguila, que es procesada y quien sabe con cuántos ingredientes. El pan, las pastas y los lácteos están negados. En los restaurantes no hay opciones tan saludables como creeríamos.

3.      Empiezas a tener antojos súper específicos: cuando empieza el reto, la fuerza de voluntad por comer bien es fuerte; pero van pasando los días, el cuerpo se siente súper bien y ahí empiezan a surgir los antojos. Lo más interesante me pareció escuchar mi cuerpo y analizar por qué me pedía comida tan específica como arepas, pan con aceite de oliva o jengibre. Tuve antojos tan determinados que parecía embarazada. Seguramente esto es producto del cuerpo eliminando sustancias como el azúcar y de las hormonas. 

4.      La adicción al azúcar tiene picos y luego empieza a decrecer: en los días más difíciles quería tostadas con mermelada de piña, pretzels con chocolate, nueces acarameladas, chocolate amargo, pie de manzana (dulces y postres que me encantan). Pero luego, como al día 16 empecé a dejar de tener ganas. Me di cuenta de que no me hace falta y más bien tuve un rechazo e incluso he considerado dejar por más tiempo el azúcar.

5.      Cualquier salida por la noche incluye al menos un trago: En una sociedad “pusher” como la nuestra, que alguien entienda que no estás tomando porque decidiste dejar el azúcar por 3 semanas es casi imposible. Hasta llegaron a enseñarme una botella de Néctar que tenía en la etiqueta un ‘sin azúcar’ para convencerme de tomar (basta revisar Wikipedia para saber que el aguardiente se hace a partir de la sacarosa, que es azúcar).

6.      Ver comida es torturarse: ahora las redes sociales están llenas de videos de comida, que hay que evitarlos al máximo. Por la vista, todo parece más rico de lo que realmente es; mejor es no ver para no sentir que es una desgracia estar comiendo alimentos naturales y que el mundo de la comida chatarra es un mundo feliz.

7.      Hay que disfrutar de lo que uno come: unido totalmente al punto anterior, es súper importante tener ilusión de prepararse un salmón a la plancha con ensalada de aguacate, champiñones y frutillas o de desayunar huevos revueltos con tomate cebolla y jugo de naranja. La creatividad es clave para disfrutar de la comida y esto se desarrolla cuando uno no tiene tantas opciones.

8.      Disfrutar de otros carbohidratos y conocer nuevas proteínas: no todo es pan ni pastas; se puede comer papas, camote o verde. Igualmente, en vez de comer todos los días pollo o carne, descubrir nuevos pescados como el mero nos hace ilusionarnos por probar algo nuevo.

9.      Se me fue el cólico menstrual: desde hace más de un año, no ha habido un mes en el que no tenga un cólico, que sin 2 pastillas, no sobrevivo el día y me retuerzo del dolor. La mejor conclusión de estos 21 días es cómo la alimentación te sana. Las hormonas se regulan, el organismo se desinflama, y con eso la piel mejora, empiezas a dormir bien y te sanas de enfermedades que están siempre ahí. Después de estos 33 días, tuve el primero en 13 o 14 meses sin tener que tomar nada porque no sentí cólico menstrual.

10.  Las hormonas te dominan: luego de 33 días sin comer azúcar ni alimentos procesados, estaba súper determinada a seguir hasta el día 50 o 60. Pero las hormonas se metieron en mi intención. El día 33 coincidió con el día anterior a mi período. Ese día podía comer un león y terminé haciéndolo. Es bueno concienciar sobre esto porque las bajadas del estrógeno, progesterona y testosterona que ocurren mes a mes en el cuerpo femenino, están totalmente relacionadas con el hambre y con lo que el cuerpo necesita para suplir esas bajadas. Por eso, si estás consciente, puedes tú dominarles a las hormonas, haciendo cosas como montar bicicleta en lugar de comer chocolate (igual las dos actividades te dan endorfinas que contraatacan el efecto del estrógeno bajo). Pero este es un tema más profundo que hablaremos pronto.

Creo que en los 33 días aprendí, sobretodo, a escuchar mi cuerpo. Aprendí a comer solo cuando tenía hambre, a dormir cuando estaba cansada, a entender, o tratar de entender qué necesita el cuerpo cuando surge un antojo. No creo en ser radical y vivir para siempre sin alimentos procesados, porque un buen postre para todo el mundo es una delicia. Pero si hay que estar consciente de que la comida saludable significa más años de vida, más salud y más energía.

SOBRE LA AUTORA

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Julia Escudero

Periodista, video-reportera y Health Coach. Interesada en sanar la relación con el cuerpo a través de la alimentación y un estilo de vida saludable.

Instagram: @sunlight.food